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ÍNDICE

 

Prefacio

 

VARIACIÓN FÓNICA

 

Sylvia Ávila Hernández

Constantes fónico-comunicativas de la construcción interrogativa, en datos del español de la ciudad de México

José Coronado Hernández

Entonación rural del español de México

Carlos Ivanhoe Gil Burgoin

El debilitamiento de /t͡ʃ/ en el español de La Paz, Baja California Sur

Pedro Martín Butragueño

Distribución dialectal de /x/ en datos del Atlas lingüístico de México

Érika Mendoza Vázquez

Forma y función del repertorio de acentos tonales en Cuapiaxtla, Tlaxcala: interrogativas pronominales

Leticia Rebollo Couto, Priscila Ferreira de Sá, y Natália dos Santos Figueiredo

Actitudes lingüísticas y entonación: acentos tonales y enunciados interrogativos en el español de Buenos Aires y Montevideo

Verónica Reyes Taboada

La variabilidad del segmento /s/ en posición implosiva: estudio comparativo entre residentes del puerto de Acapulco y migrantes a la ciudad de México

Eva Patricia Velásquez Upegui

Entonación en enunciados declarativos neutros, interrogativos y vocativos: comparación entre variedades dialectales del español de Colombia

 

 

CONTACTO DE VARIEDADES

 

Miroslava Cruz Aldrete y Julio César Serrano

Elementos alfabéticos en la lengua de señas mexicana: acercamiento sociolingüístico

Azucena Palacios

Variación y cambio lingüístico en situaciones de contacto: algunas precisiones teóricas

Raúl Arístides Pérez Aguilar

Voces de origen indígena en el español de Quintana Roo. Resultados preliminares

Dinorah pesqueira

Actitudes, cambio lingüístico y contacto dialectal

Leonor Rosado

Actitudes y creencias lingüísticas: el caso de Mérida, Yucatán

Nadiezdha Torres Sánchez

Léxico indígena en la ciudad de Guadalajara

 

 

MORFOSINTAXIS VARIABLE

 

Beatriz Arias Álvarez

Variación en el uso de oraciones de relativo en el español colonial mexicano: una cuestión de registro

Sandra Rocío Cruz Gómez

Estilos de habla en tseltal de Oxchuc. La circunclisis determinante

Erandi González Kañetas

La variación en la morfología. Los derivados con -miento y -mento

José Esteban Hernández

Variación diacrónica de Pretérito Perfecto y Pretérito en el discurso narrativo

Yolanda Lastra

La morfología verbal del chichimeco según Angulo y la actual

Glenda Zoé Lizárraga Navarro y Armando Mora-Bustos

Variación en la marcación de foco y tópico con adverbios

Armando Mora-Bustos

Verbos intransitivos y adjuntos: un estudio multivariable

María Ángeles Soler Arechalde

Concordancia singular o plural con colectivos. Aspectos cualitativos y cuantitativos

 

 

DISCURSO Y MÉTODO SOCIOLINGÜÍSTICO

 

Alonso Guerrero Galván

Aspectos cuantitativos y cualitativos del peritaje lingüístico

Leonor Orozco

El empleo de ¿no?, ¿eh? y ¿verdad? en situación de entrevista sociolingüística

Claudia Parodi y Javier Pérez Estrada

Argumentos cuantitativos en sociolingüística: propuesta de un modelo

Bernardo Enríquez Pérez Álvarez

Continuidad temática y delimitación de información

Cecilia Rojas

Afecto y control. Cambio T > V en el tratamiento a los niños pequeños

Marcela San Giacomo Trinidad

Factores lingüísticos y factores sociales: funcionalidad del método cualitativo y cuantitativo para su estudio

Frida Villavicencio

Modalidad y cortesía en la lengua de Michoacán

 

 

MESA REDONDA

 

Marcela San Giacomo Trinidad (organizadora y editora)

Alonso Guerrero Galván (moderador), José Esteban Hernández, Armando Mora-Bustos, Azucena Palacios, Leticia Rebollo Couto

Argumentos cuantitativos y argumentos cualitativos en sociolingüística

 

 

PREFACIO

 

Varias fueron las consideraciones que llevaron a plantear en el seno del Grupo de Investigación Sociolingüística (GIS) el problema de la construcción de argumentos en sociolingüística como tema rector del Segundo coloquio de cambio y variación lingüística, que tuvo lugar en El Colegio de México del 5 al 7 de octubre de 2010. Si el coloquio fundacional de la serie había tenido como trasfondo de reflexión el acopio y organización de materiales lingüísticos, al tiempo que tales reflexiones se volcaban en el análisis de problemas específicos, nos pareció que ahora era de gran importancia iniciar un ciclo de reflexión interpretativa, empezando precisamente por los argumentos que es posible traer a colación a la hora de juzgar el material variable. También en ese momento era el propósito amoldar tal escenario a la diversidad de intereses apuntados por diferentes especialistas. Es decir, se trataba de buscar un punto intermedio entre la generación progresiva de reuniones cada vez más monotemáticas y la realidad de la masa crítica de lingüistas interesados en el campo o perspectiva de estudio. Nos pareció, por otra parte, que la reflexión que pretendíamos desarrollar en el seno del grupo de trabajo no podía llevarse todavía a sus consecuencias últimas (el desarrollo de una lingüística crítica), pero que sí era al menos posible empezar a trabajar en esa dirección.

            Al igual que en la ocasión anterior, y nos atreveríamos a decir que más significativamente, este libro no constituye simplemente las actas de la reunión. Todos los capítulos han recibido lecturas críticas por parte de dos dictaminadores, que creemos han mejorado tanto los textos individuales como el conjunto del material. Además, el libro incluye algún texto que por circunstancias específicas no pudo ser leído a pesar de estar programado; al tiempo, diferentes contribuciones iniciales han quedado fuera por diversos motivos. Confiamos en que el libro resultante goce de cierta unidad y que no esté exento de puntos de interés.

            El volumen se ha dividido en cuatro secciones que distribuyen el material de una forma más o menos equitativa: "Variación fónica", "Contacto de variedades", "Morfosintaxis variable" y "Discurso y método sociolingüístico". De hecho, este reparto de las contribuciones se corresponde muy cercanamente a las áreas en que quedó igualmente dividido el volumen correspondiente al Primer coloquio de cambio y variación lingüística, dedicado al estudio del Realismo en el análisis de los corpus orales (México: El Colegio de México, 2011, 606 pp.). Se ha incluido, además, la transcripción de la mesa redonda conformada por varios especialistas y que tuvo lugar al final del coloquio.

            La primera parte, dedicada a la variación fónica, está formada por ocho contribuciones, entre capítulos dedicados a la variación segmental (Gil Burgoin, Martín Butragueño y Reyes Taboada) y a los problemas prosódicos (Ávila Hernández; Coronado Hernández; Mendoza Vázquez; Rebollo Couto, Ferreira de Sá, dos Santos Figueiredo; y Velásquez Upegui). Quizá llame la atención la proporción de trabajos encaminada al estudio de la entonación; debe recordarse que es, o era, un área tradicionalmente descuidada, al tiempo que sumamente productiva para entender el trasfondo de la variación y el cambio, en especial si se considera que es uno de los rasgos más perceptibles para los hablantes comunes. Todos los trabajos de esta sección estudian el español. La originalidad de Gil Burgoin, además de ocuparse del habla de Baja California Sur, zona poco analizada en el contexto mexicano, y de ofrecer datos que permiten comparar el debilitamiento de ch con las observaciones efectuadas en muy distintas latitudes hispánicas, es ocuparse de tres comunidades de diferente tamaño, dentro del municipio de La Paz, lo que permite trazar un eje rural-urbano a la hora de estructurar la variación, aspecto que permite ofrecer reflexiones cualitativas de envergadura sobre los procesos de cambio lingüístico dentro de un marco de gran detalle cuantitativo. Martín Butragueño ofrece un avance de un análisis más detallado sobre los datos de la dorsal fricativa sorda en el Atlas Lingüístico de México; el ALM ha sido relativamente poco estudiado en sus dimensiones geolingüística y sociolingüística y una de las tareas para la variación lingüística que se desarrolla en México es, precisamente, aprovechar la enorme cantidad de datos encerrada en las páginas del Atlas y en las grabaciones que se realizaron al tiempo (a la sazón, estas grabaciones serán pronto digitalizadas por El Colegio de México; quizá convenga recordar también que la base de datos de los informantes del ALM se encuentra disponible en la página electrónica del Laboratorio de Estudios Fónicos, sección de “Datos demolingüísticos”). El trabajo de Reyes Taboada constituye una primera aproximación a un problema crítico en la historia sociolingüística de las hablas mexicanas, la caracterización de las hablas acapulqueñas, sumamente importantes para entender la historia social y lingüística del español de México. Además, se considera el problema del contacto dialectal de algunos inmigrantes del puerto radicados en la ciudad de México. Es claro que será necesario continuar profundizando en la comprensión sociolingüística de las estructuras sociales de numerosas ciudades y comunidades de habla con importancia histórica y moderna, si es que queremos entender en detalle cómo el pasado y el presente se relacionan. La aportación de Ávila Hernández, por su parte, continúa en la línea de una cuidadosa caracterización, fónica y pragmático-discursiva, de los enunciados interrogativos en la ciudad de México. Sólo bajo el trasfondo de descripciones detalladas de referencia será posible realizar análisis cada vez más penetrantes sobre el valor comunicativo de la prosodia (debe señalarse, por cierto, que algunos archivos que complementan este capítulo pueden encontrarse en http://lef.colmex.mx). Coronado Hernández, al abordar lo que llama entonación rural, abre el camino hacia dos líneas de trabajo muy interesantes: por un lado, a renglón del título, sobre la prosodia de comunidades de habla no urbanas propiamente y con proyección local (lo cual ha estado hasta el momento lejos de ser común en los trabajos de entonación); por otro, las comunidades consideradas (Tlachco, Tlaxcala, y dos poblaciones en el lago de Pátzcuaro, Michoacán) se encuentran en situación de contacto lingüístico, pues los hablantes considerados tienen como lengua nativa el náhuatl, en el caso de Tlaxcala, y el p'urhepecha, en lo que se refiere a los datos michoacanos. El trabajo de Érika Mendoza es parte de una minuciosa investigación sobre las características dialectales y sociolingüísticas de otra localidad de Tlaxcala, Cuapiaxtla, expuesta ahora a través del análisis de los enunciados interrogativos pronominales. Un aspecto importante en la aportación sociolingüística y variacionista al estudio de la entonación es estudiar, además de sus propiedades fónicas y sus correlatos pragmáticos, el valor de la prosodia como constructora de la identidad comunitaria y su papel en la generación de diferencias. Debe recordarse que son quizá los elementos prosódicos los más fácilmente perceptibles para el hablante común, los cuales sin embargo han permanecido casi inexplorados en su dimensión geo- y sociolingüística hasta tiempos muy recientes. Por su parte, Leticia Rebollo Couto, Priscila Ferreira de Sá y Natália dos Santos Figueiredo abordan un problema malamente conocido hasta ahora, el de las actitudes lingüísticas y la entonación, de modo que siguiendo la investigación de Moraes sobre el portugués de Brasil, trabajan materiales de Buenos Aires y Montevideo con respecto a cuatro tipos de actitudes proposicionales ligadas a enunciados interrogativos confirmativos, neutros, incrédulos y retóricos; además, se ocupan de un quinto contexto, el de la cortesía en peticiones. El capítulo de Eva Velásquez está dedicado a la comparación de enunciados declarativos neutros, interrogativos y vocativos en cuatro ciudades colombianas (Bogotá, Cali, Cartagena y Medellín), como parte de una investigación más amplia en la que se consideran tanto factores fonológicos como dialectales; en ese sentido, la entonación de las hablas colombianas es todavía muy poco conocida, así que este trabajo y en general el conjunto del análisis constituye una aportación bastante llamativa, que permite además la comparación con otras modalidades de habla al haberse levantado los datos siguiendo la metodología del Atlas interactivo de la entonación del español (http://prosodia.upf.edu/atlasentonacion/).

            Son seis las colaboraciones que forman parte de la segunda parte del libro, dedicada al contacto de variedades, aunque no son los únicos en que emergen diferentes situaciones relativas al contacto entre lenguas y variedades. Se trata del escrito de Azucena Palacios dedicado a establecer una serie de precisiones teóricas sobre el estudio del contacto; el de Miroslava Cruz y Julio Serrano sobre lengua de señas; los de Raúl Arístides Pérez Aguilar y Nadiezdha Torres Sánchez acerca de la vitalidad del léxico de origen indígena; y los de Dinorah Pesqueira y Leonor Rosado sobre variedades de habla que se encuentran en situación de contacto, sea entre dialectos de una misma lengua (Pesqueira) o entre lenguas (Rosado). El capítulo de Azucena Palacios supone una notable aportación a los estudios de contacto lingüístico, que en nuestro país han sido esquivados y postergados y que en nuestra opinión deberían ser un objeto de estudio central en la lingüística mexicana. Palacios revisa varios casos de contacto lingüístico intenso entre el español y tres lenguas amerindias, a saber, náhuatl, guaraní y quichua, mostrando que una perspectiva de análisis centrada en los hablantes permite observar el papel central de éstos en los procesos de variación y cambio lingüístico y que, en situaciones de contacto dialectal, los hablantes bilingües explotan de manera consciente los recursos que les ofrecen las lenguas, como queda manifiesto en el uso de marcadores modalizadores del guaraní en el español de Paraguay. De igual manera, los datos empíricos que presenta le sirven de argumento contundente para mostrar que el préstamo estructural sí es posible y que los cambios inducidos por contacto son bidireccionales. En este sentido, sugiere que la dicotomía préstamo/interferencia debería repensarse a la luz de los efectos lingüísticos del cambio.

            Miroslava Cruz y Julio Serrano desarrollan un novedoso trabajo en el cual el trasfondo es en cierto sentido el contacto entre la lengua de señas mexicana y el español, que funciona como lengua dominante, pues la variable dependiente con la que trabajan es la incorporación de elementos alfabéticos en la lengua signada. Distinguen diversas variantes: por una parte, la seña sin elementos alfabéticos; por otra, el deletreo o dactilología, empleado con frecuencia para incorporar préstamos del español; otra posibilidad es la inicialización, que consiste en empezar con una configuración manual correspondiente a la primera letra de la palabra escrita en español, y seguir después con rasgos no alfabéticos. A la hora de considerar los hechos sociolingüísticos, los autores señalan la importancia del contexto social de los informantes, en especial lo que toca a las condiciones de adquisición de la lengua de señas. En el análisis cuantitativo, los autores consideran como variables independientes la categoría léxica de las palabras, el sexo, la edad, la escolaridad, el tipo de adquisición, la familia y la comunidad, ofreciendo un retrato rico y consistente que subraya la importancia de emprender trabajos sociolingüísticos en general y variacionistas en particular tanto de la lengua de señas mexicana en sí misma como de la situación de contacto en la que convive a veces y se encuentra en conflicto otras con el español.

            El capítulo de Raúl Arístides Pérez está dedicado al análisis de la vitalidad de voces de origen indígena en el español de Quintana Roo, a partir de la aplicación de un cuestionario estructurado por 429 voces de origen antillano, náhuatl, guaraní, quechua y maya, entre otras. Se trata de un cuestionario que fue respondido por 37 individuos en el que se preguntaba si conocían una voz y, en caso de respuesta afirmativa, se pedía una lista de sinónimos posibles y una definición del término, con lo cual se obtuvo información que da cuenta de las formas que cada hablante dice conocer y utilizar en su comunicación cotidiana. En el capítulo se exponen los resultados para los vocablos bejuco, caimito, canoa, coa, iguana, cacique, arepa, mangle, sabana, huacal, chipote, náhuatl, nauyaca, chévere, guineo, alux, mulix, koliz, k’ol, chuchú y malix. Por su parte, Nadiezdha Torres estudia los préstamos de origen indígena en el español de la ciudad de Guadalajara para ver el grado de conocimiento que poseen los hablantes de un grupo de 100 palabras tomadas del trabajo clásico de Lope Blanch. Los resultados de esta investigación muestran una tendencia parecida a la obtenida por Lope Blanch en cuanto al conocimiento de las voces (clasificadas en una escala que va desde el conocimiento general hasta aquellas poco conocidas). Un dato de especial interés surge gracias a que la autora toma en cuenta la edad de los hablantes en el análisis, pues muestra un proceso de cambio relacionado con la edad: los mayores de 50 años son quienes conocen más voces y a medida que disminuye la edad de los hablantes disminuye también el conocimiento de voces de origen indígena. Sin duda, resulta de gran interés replicar total o parcialmente ciertos trabajos clásicos con datos actuales para poder observar el estado de avance, permanencia o retracción de ciertos procesos de variación y cambio en tiempo real, así como en otras latitudes geográficas.

            La colaboración de Dinorah Pesqueira es un buen ejemplo de cómo pueden combinarse datos cualitativos (el núcleo de su análisis) con algunas herramientas cuantitativas (para dar cuenta de la proyección del catálogo cualitativo sobre la muestra analizada). De hecho, los datos obtenidos a partir de los informantes en situación de contacto dialectal que analiza, doce bonaerenses y doce madrileños en la ciudad de México, más doce mexicanos residentes en Madrid, son pieza fundamental para entender mejor cómo se llevan a cabo ciertos procesos vinculados con el cambio lingüístico dentro del peculiar laboratorio del contacto. Además, el llamado análisis de "actitudes" tiende en este capítulo a presentarse como un examen de una gran cantidad de aspectos subjetivos que muestra la pugna entre dos identidades lingüísticas, la pretérita y la nueva detentada actualmente por los hablantes considerados. Por fin, el trabajo de Leonor Rosado se construye a través de una encuesta redactada a través de un cuestionario básicamente abierto. Son muchos los aspectos interesantes que surgen alrededor del estudio de Mérida, dada sus peculiaridades sociolingüísticas, en especial por la presencia en el contexto del maya yucateco y por su tamaño urbano, así como por las características del propio español regional. El trabajo revela una visión muy matizada del español local, así como de sus relaciones históricas y presentes con el maya, lo que permite construir un trasfondo sobre el que diseñar e interpretar trabajos de carácter más experimental y específico, que sin duda constituyen el siguiente desafío para los próximos años.

            La sección de sintaxis incluye varias contribuciones a lo que pretendería ser una de las tradiciones de esta serie de coloquios: la construcción de una gramática variable, fundamentada en un amplio conjunto de datos, descritos bajo una visión dinámica del lenguaje, pero dialogantes con cualquier otra corriente. El capítulo desarrollado por Beatriz Arias es un excelente ejemplo de cómo es posible llevar a cabo una sintaxis histórica centrada en las comunidades de habla (de hecho, en sus productos textuales) antes que en el sistema lingüístico mismo, más allá del hecho ineludible de que ambas dimensiones estén relacionadas. A nuestro juicio, es indudable que este modo de proceder tiene innumerables lazos con el quehacer sociolingüístico. Tanto es así, que la propuesta de Arias previa al análisis se concentra precisamente en establecer las dimensiones apropiadas para juzgar los tipos de registros. El capítulo de Sandra Cruz se centra en la variación de la circunclisis determinante en el tseltal de Oxchuc que, de acuerdo con la autora, covaría sistemáticamente en el paso de un registro cuidado a uno más espontaneo. Nos parece que este trabajo es una valiosa contribución porque, en contra de la creencia sostenida (sin muchas justificaciones) por algunos lingüistas, muestra que es posible aplicar el método variacionista a lenguas no occidentales; esperamos que este trabajo motive a otros investigadores a seguir esta senda, por supuesto complementaria de otros enfoques.

            El trabajo de Erandi González contribuye a llenar un vacío en los estudios variacionistas propiamente morfólogicos, pues gracias al análisis exhaustivo de las propiedades categoriales, semánticas y sociolingüísticas de los derivados con –mento y –miento en datos de tres variedades dialectales del español, plantea una serie de interrogantes sobre el carácter estructural de la variación morfológica y sobre el papel que desempeñan los factores sociales en este tipo de variables; esperamos que su contribución propicie más estudios sobre este nivel de análisis, para que, en un futuro, se pueda responder a estas  interrogantes. La contribución de José Esteban Hernández es novedosa por varias razones, pues además de constituir una aportación al estudio de procesos de cambio lingüístico en que una variante innovadora pujante sufre un retroceso, nos muestra que la combinación de enfoques cuantitativos y cualitativos en el análisis ayuda a dar cuenta cabal de un fenómeno de variación sintáctica. Su investigación describe las funciones sintácticas de las formas de pretérito en competencia (pretérito vs. pretérito perfecto) en escritos coloniales mexicanos, pero va más allá al mostrar factores pragmáticos y sociales involucrados en la variación, a saber, que en el discurso narrativo el pretérito perfecto era empleado para manifestar cercanía temporal o subjetiva y que ésta era una forma que a pesar de ser prestigiosa sufrió un proceso de nivelación propio de la situación sociolingüística de la Colonia.

            Yolanda Lastra lleva a cabo una comparación diacrónica de la morfología verbal del chichimeco jonaz contrastando sus propios datos con los obtenidos por Jaime de Angulo antes de 1930. El análisis cualitativo muestra que el sistema verbal ha sufrido pequeños cambios y que sólo uno de los seis tiempo-aspectos que lo conforman, el inmediato, está desapareciendo. En esta investigación también queda manifiesto que los cambios lingüísticos se ven acelerados por factores sociales, pues la comunidad de Misión de Chichimecas empezó a vivir cambios con la llegada de la carretera en la década de 1970 y Lastra indica que es a partir de esta fecha cuando un cambio lingüístico gradual se incrementó y continúa debido a la convivencia con no hablantes de la lengua.

            La contribución de Glenda Lizárraga y Armando Mora Bustos pretende hacer una descripción variacionista de las propiedades gramaticales de seis adverbios de foco. Los autores exponen cómo el análisis exhaustivo de un conjunto de datos procedentes de entrevistas sociolingüísticas es capaz de arrojar información que había sido soslayada, como el hecho de que adverbios que habían sido caracterizados como de foco, cumplen tanto funciones de foco como de tópico. El trabajo individual de Armando Mora Bustos, por otra parte, se encamina hacia un problema poco o nada estudiado desde el variacionismo, el de los adjuntos, en particular el papel de aquéllos incluidos en construcciones intransitivas, mostrando cómo un enfoque dispuesto a partir minuciosamente de un corpus puede deparar no pocas sorpresas. Aunque por supuesto cada nuevo descubrimiento suscita nuevas preguntas de investigación, no deja de ser excitante ver los hechos bajo el ángulo de una nueva visión. La argumentación del trabajo que presenta Mora Bustos permite observar, por otra parte, el más puro uso metodológico del enfoque, y aun cuando no parezca existir un correlato sociolingüístico en particular que vincule las estructuras con la variación o el cambio, tal forma de laborar abona la construcción de una perspectiva dinámica sobre las lenguas, en la medida en que las modificaciones entre estructuras permiten la construcción de significados diferenciados. Ángeles Soler, por su parte, examina el problema de la concordancia suscitada por los colectivos, sirviéndose tanto de herramientas cualitativas como cuantitativas, utilizando 520 datos procedentes de los corpus de norma culta de 30 informantes de Bogotá y otros 30 de Buenos Aires; se consideran el tipo de colectivo, la función del colectivo, la presencia del colectivo en una construcción compleja o no, el dominio, la función del elemento concordante, el orden de los elementos, la interferencia de elementos discursivos, la situación comunicativa, la ciudad, el sexo y la edad de los entrevistados. Debe observarse cómo el análisis cuantitativo posterior, desarrollado a partir de regresiones logísticas, descansa sobre la exposición cualitativa de las variables que ingresan después en el modelo estadístico, de modo que ambos aspectos están unidos indisolublemente.

            La cuarta parte del libro se centra en el análisis del discurso y el método sociolingüístico. Uno de los trabajos más novedosos entre los incluidos en el volumen es el de Alonso Guerrero dedicado al peritaje (socio)lingüístico, pues al establecer las líneas maestras para ponderar la vitalidad lingüística en San Ildefonso Chantepec, más que un trabajo de lingüística forense se está llevando a cabo un diagnóstico sociolingüístico de la comunidad. Hay aquí muchas cuestiones involucradas: desde la propia definición de comunidad lingüística, claramente inclinada en este caso hacia la versión como comunidad de práctica, hasta la ausencia de medidas de referencia, que han tenido que ir siendo creadas por Guerrero. En efecto, ante la ausencia de una prueba estandarizada de vitalidad lingüística, y ante la inexistencia de algo tan fundamental como una encuesta nacional de bilingüismo, el propio investigador ha ideado una serie de instrumentos (de ámbitos, de competencia, de actitudes...) para establecer en lo posible las características lingüísticas de San Ildefonso. Pocos trabajos como éste muestran la necesidad de conjuntar elementos cuantitativos y cualitativos para alcanzar un objetivo tanto de investigación general como aplicado. Sorprende la reticencia o cortedad de miras de ciertos círculos de lingüistas a la hora de percibir el contacto de lenguas como un problema descriptivo, teórico y aplicado central para la lingüística mexicana. Llama la atención también, en ocasiones, la crítica fatua a diferentes empeños por emprender a pequeña o gran escala el estudio de ese contacto, y a subrayar las limitaciones de diferentes pruebas individuales o colectivas para medir el bilingüismo, por lo regular sin proponer soluciones alternativas. A nuestro juicio, la peor situación es la inexistencia de cualquier tipo de colecta que permita la comparación con situaciones análogas y reservar la evaluación de la vitalidad de una lengua o de una situación de bilingüismo al buen juicio del investigador y a su capacidad para verbalizarlo. Leonor Orozco intenta hacer un análisis sociolingüístico, en el que las variables sociales y los argumentos cuantitativos desempeñan un papel central en un fenómeno que ha sido generalmente analizado con un enfoque cualitativo, y para ello examina un grupo de marcadores discursivos, los apéndices comprobativos ¿no? ¿eh? y ¿verdad?, en una serie de entrevistas sociolingüísticas. En consonancia con el tema del libro, Claudia Parodi y Javier Pérez Estrada se dan a la tarea en su capítulo de esbozar el aspecto de un modelo cuantitativo apto para el análisis de los datos sociolingüísticos, lo que es especialmente interesante dado que no han sido muchas las propuestas específicas surgidas dentro del ámbito de la lingüística hispánica (aunque sí ha habido algunas, además de que el español ha tenido un papel importante en el desarrollo de algunos de los modelos de cambio y variación generales). En sustancia, Parodi y Pérez Estrada ejemplifican por medio de varios procesos fónicos propios del español de Los Ángeles diferentes muestras hipotéticas: con y sin variación en la concentración, con y sin variación en la edad con respecto a la convergencia dialectal, de modo que proponen una ecuación para representar matemáticamente la convergencia. Se trata de un modelo, precisamente, porque es posible generar predicciones y ver si éstas se cumplen o no. Más allá de los detalles, es claro que los trabajos de cambio y variación deben aspirar a discutir modelos cuantitativos generales del comportamiento sociolingüístico. El trabajo de Bernardo Pérez corrobora que al trabajar con datos “realistas” se devela información sobre el funcionamiento de estructuras lingüísticas que de otro modo no sería observable. El autor realiza un análisis cualitativo del relativo donde, en el que pasa del nivel oracional al discursivo-textual, mostrando que los relativos sirven para otorgar continuidad temática al discurso y delimitar segmentos discursivos. Por su parte, la colaboración de Cecilia Rojas versa sobre la alternancia en el trato pronominal de padres (y abuelos) a niños. En este trabajo se busca discernir si en los intercambios padres-hijos pequeños, la selección del trato de usted (V) tiene una función estratégica o meramente expresiva. Un primer acercamiento a los datos muestra una tendencia al cambio de trato en enunciados directivos que, como se sabe, son, de acuerdo con Brown y Levinson, amenazantes de la imagen, de modo que propiciarían el uso de estrategias de cortesía. Sin embargo, la autora lleva a cabo un análisis cualitativo de gran detalle que desvela que el uso de V se presenta en enunciados que o bien atenúan o bien refuerzan y sirven igualmente para marcar distanciamiento o aproximación. De esa forma, en lugar de proponer más valores a la nómina del usted que dirigen los padres a los hijos (de enojo, de cariño, entre otras), Rojas concluye acertadamente que se trata de una operación de cambio de perspectiva entre dos polos, que se manifiesta por la contraposición entre una forma esperada y una inesperada. Marcela San Giacomo contribuye a la discusión del volumen sobre argumentos cuantitativos y cualitativos al contrastar el estudio de préstamos en dos comunidades de habla, con características divergentes. La primera es una comunidad rural donde el náhuatl es la lengua dominante, la segunda una comunidad de mazahuas inserta en la ciudad de México, dentro de la cual sólo un pequeño grupo habla la lengua mazahua. Las diferencias en cuanto a la situación lingüística en cada comunidad la llevan a discutir la pertinencia de los enfoques cuantitativos o cualitativos en el análisis y concluye que no es sólo el investigador el que determina la metodología (enfoque cuantitativo vs. cualitativo), sino la naturaleza del fenómeno que se quiere estudiar. El capítulo de Frida Villavicencio, “Modalidad y cortesía en la lengua de Michoacán”, abona un campo apenas explorado en las lenguas indígenas, el del análisis pragmático basado en textos de épocas pasadas, al estudiar los clíticos no pronominales en las Artes coloniales de la lengua de Michoacán. La autora analiza un par de clíticos que actualmente ya no son productivos en el purépecha, pero que en el siglo xvi pertenecían a un grupo de clíticos que tenían alcance sobre toda la oración y que fueron descritos como parte de los elementos para hablar con elegancia. El primero de ellos, el clítico =aru, parece haber estado más ligado a la modalidad deóntica, mientras que el clítico =nhate se relaciona con una función de cortesía, pues se usaba para atenuar actos amenazadores de la imagen y marcar una distancia con respecto al interlocutor.

            La última parte del libro incluye la transcripción de la mesa redonda que tuvo lugar al final del coloquio, organizada y editada por Marcela san Giacomo, y moderada por Alonso Guerrero. De alguna manera, la reunión de plenaristas (José Esteban Hernández, Armando Mora, Azucena Palacios y Leticia Rebollo) tenía como función recuperar algunas de las discusiones implícitas en los trabajos presentados, vistas bajo experiencias investigadoras diferentes. Uno de los aspectos más sobresalientes expuestos en la mesa surge al contrastar el análisis de datos de naturalezas diferentes, de modo que se subraya la importancia de lo cualitativo y de lo cuantitativo durante el proceso investigador. Parecen emerger dos métodos diferentes, uno que detecta tendencias cuantitativas en los datos y que busca después localizar las razones cualitativas de esa distribución, y otro que parte precisamente de las diferencias cualitativas en los materiales y que inquiere después por las tendencias cuantitativas localizables. Ha parecido importante, por otro lado, rescatar la tradición, quizá no muy común hoy en día, de ofrecer espacio en las publicaciones a transcripciones de las discusiones llevadas a cabo en vivo, dotadas de una naturalidad y una riqueza digna de tenerse en cuenta. Por otra parte, tanto en su momento en el coloquio, como ahora en este libro, pensamos que la mesa permite cerrar el círculo de discusiones al tiempo que conferir mayor unidad a las contribuciones reunidas.

            Queremos agradecer el apoyo prestado en todo momento por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México, especialmente a través de su directora, la Dra. Luz Elena Gutiérrez de Velasco, así como a la Cátedra Jaime Torres Bodet, que financió los gastos generados por el coloquio. Queremos también manifestar nuestro aprecio por la colaboración mostrada antes, durante y después de la reunión académica por todos los participantes, sobre todo a lo largo del proceso de evaluación por pares y la continua revisión de los textos a la luz de las observaciones de los dictaminadores y de los editores. En especial, nos gustaría reconocer el aliento traído a la reunión por los plenaristas invitados y el trabajo firme, puntual y constructivo de los evaluadores. También queremos señalar el constante apuntalamiento recibido desde el Grupo de Investigación Sociolingüística, a lo largo de casi dos años previos de discusiones y presentaciones relacionadas con este segundo coloquio de cambio y variación, así como de otro año posterior de prolongados exámenes colectivos sobre los criterios de selección y corrección del material.

 

Pedro Martín Butragueño y Leonor Orozco