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            El modelo fonológico optimal consta de un componente generativo (gen), alimentado por el lexicón (o desde el output de un módulo sintáctico separado); los candidatos propuestos desde el instrumento generativo, infinitos en principio, son evaluados (eval) por medio de una serie de restricciones universales, de forma que se obtiene un ganador. Por último, los candidatos más satisfactorios alcanzan a ser interpretados fonéticamente desde el módulo correspondiente. Dado la universalidad de las restricciones, la única diferencia entre las lenguas debería ser el orden jerárquico de las restricciones mismas y el contenido del lexicón. Los dos tipos generales de restricciones son las de buena formación y las de fidelidad. Las primeras evalúan la estructura del output; las segundas, su relación con otras formas (típicamente, las del input). Se supone que las restricciones de cada fonología están totalmente jerarquizadas (aunque el dato exacto no siempre puede atestiguarse, y que son infringibles (incluso por el candidato ganador), aunque las infracciones son menos graves si se producen ante una restricción más baja en la jerarquía, o si violándose la misma restricción se hace en un número menor de veces (cf. de Lacy 2007b, pp. 9-10).

            En cuanto a la evaluación de la relación entre input y ouput, cabe señalar que las restricciones de fidelidad regulan la presencia y la identidad de los rasgos, así como el orden lineal de los elementos. Algunas de las principales entre estas restricciones son las siguientes (McCarthy y Prince 1995a, de Lacy 2007b, p. 14)[1]:

 

(1)       a. Sobre la presencia de segmentos:

max-io: constituye una infracción cada segmento x del input sin correspondencia en el output (cada elisión).

dep-io: constituye una infracción cada segmento x del output sin correspondencia en el input (cada epéntesis).

                       b. Sobre la identidad de los rasgos:

ident [rasgo]: se produce una infracción de la restricción si el segmento x presenta [αrasgo] en el input y [–αrasgo] en el output (es decir, no se cambie el valor del rasgo).

                       c. Sobre el orden lineal:

linearity: para cada par de segmentos x, y del input, y dados sus correspondientes en el output x', y' en el ouput, se produce una infracción si x precede a y, e y' precede a x' (que no haya metátesis).

                       d. Sobre las relaciones entre uno y varios:

uniformity: constituye una infracción cada segmento del output al que corresponda más de un segmento en el input (cada fusión).

 

            El volumen I de la FVEM se mencionan las siguientes restricciones de fidelidad (en los pasajes correspondientes de los capítulos 2 a 5 se aclara la procedencia de cada restricción y se procura justificar las razones para su uso):

 

            (2)

a. max-io: todo elemento del input debe tener uno correspondiente en el output.

b. max stressσ [X]: un segmento presente en el input tiene que estar en el output, si se encuentra en una sílaba acentuada.

c. max stressσ [b] [g]: un segmento [b] o [g] oclusivo presente en el input tiene que estar en el output, si se encuentra en una sílaba acentuada.

ch. max stressσ [ð̞]: una [ð̞] en el input tiene que estar presente en el output, si se encuentra en una sílaba acentuada.

d. max #[ð̞]: una [ð̞] en posición inicial de palabra en el input tiene que aparecer en el output.

e. max [ð̞]: se prohíbe la elisión de [ð̞].

f. max-onset(A0): los segmentos en el ataque con el máximo estrechamiento (no continuos, oclusivos, nasales y laterales) presentes en el input tienen que estar en el output.

g. max-onset(Af): los segmentos en el ataque con grado medio de apertura (fricativos) tienen que estar en el output.

h. max-onset(Amax): los segmentos en el ataque con grado máximo de apertura (aproximantes y vocales) presentes en el input tienen que estar en el output.

i. ident [rasgo]: el signo de un rasgo del input no debe alterarse en el output.

j. ident(aproximación): las características de aproximación del input no debe modificarse en el output.

k. ident(continuidad): el tipo de continuidad del input no debe modificarse en el output.

l. ident(estridencia): el tipo de estridencia del input permanece idéntico en el output.

ll. ident(lugar): el lugar articulatorio de un segmento debe ser idéntico en el input y en el output.

m. ident(anterioridad): la anterioridad del input no debe modificarse en el output.

n. ident(distribución): el tipo de distribución del input no debe modificarse en el output.

ñ. ident(lateralidad): la lateralidad del input no debe modificarse en el output.

o. ident /R/: el tipo de rótica presente en el input tiene que permanecer en el output.

p. ident #[−continuo]/[+anterior]: en inicio absoluto, un input [−continuo] y [+anterior] debe ofrecer los mismos rasgos en el output.

q. ident V[+continuo]/[−anterior]: tras vocal deben aparecer los rasgos [+continuo] y [−anterior] en el input y en el output.

r. ident C[−continuo]/[−anterior]: tras consonante debe aparecer un output [−continuo] y [−anterior] idéntico al input.

s. ident-io [μ]: el valor moraico del input debe ser idéntico al del output.

t. identobstr(lugar): el lugar articulatorio de los segmentos obstruyentes debe ser idéntico en el input y en el output.

u. ident(sonoridad): la sonoridad de un segmento debe ser idéntica en el input y en el output.

v. ident-prominence [–continuo]: debe aparecer una oclusiva en posiciones prominentes en el input y en el output.

w. ident(estrechamiento): el grado de apertura debe ser igual en el input y en el output.

x. ident [+consonante]: el rasgo [+consonante] debe mantenerse en el input y en el output.

y. dep-io: no debe haber segmentos en el output que no tengan correspondencia en el input.

z. dep-link: no debe haber asimilaciones (inclusión de asociaciones en el output no presentes en el input).

 

            Como puede observarse, la lista puede en realidad reducirse a tres restricciones básicas de fidelidad: las que corresponden a max-io, (2a) a (2h), que bloquean las elisiones; las propias de ident-io, que van de (2i) a (2x), encargadas de preservar la identidad del material; y un par de restricciones de la familia dep-io, (2y) y (2z), cuya función es evitar la inclusión de material nuevo en el output. Los miembros de cada familia se van formando mediante la inclusión de precisiones sintagmáticas y paradigmáticas, que establecen el ámbito preciso de acción propio de cada una de las restricciones en los procesos descritos. Como ocurre también con las restricciones de buena formación, muchas de ellas se emplean a propósito de varios procesos diferentes, intentando respetar el principio de eficiencia o economía formal en la descripción.

            La evaluación de la estructura del output, por otra parte, se lleva a cabo por medio de las restricciones de buena formación. Éstas pueden ser de dos tipos, según hagan referencia o no al contexto: las restricciones de marcación o buena formación contextual, en cuya formulación se atiende a diferentes aspectos propios de la disposición estructural del contexto, y las restricciones de naturalidad o buena formación intrínseca, que no necesitan atender en especial a las propiedades del contexto y que con frecuencia atienden a propiedades articulatorias, aerodinámicas o acústicas del sonido, de modo que vienen a corresponder en buena medida a lo que tradicionalmente se consideraba como principio del menor esfuerzo o economía articulatoria[2]. Tanto la marcación como la naturalidad tienen una larga tradición en fonética y en fonología; si la marcación era ya uno de los condicionamientos mencionados por Jakobson para discutir el cambio lingüístico, la discusión de la naturalidad fonética se remonta cuando menos al siglo xix. El atractivo de la lectura optimal es haberlas incorporado a un modelo más general, sin concederles un valor absoluto. La marcación, de todos modos y como ha señalado Haspelmath (2006) puede entenderse de muchas, quizá demasiadas, formas diferentes, y se torna un principio demasiado escurridizo en el trabajo lingüístico. No hay duda, por otra parte, de su productividad en los planteamientos optimales (cf. de Lacy 2006).

            Entre las restricciones de marcación o buena formación contextual empleadas en el volumen I de la FVEM se encuentran las siguientes:

 

            (3)

a. *pco(laríngeo) #: se prohíbe aplicar el Principio de Contorno Obligatorio para rasgos en el ámbito del nodo laríngeo en final de emisión.

b. *V[ð̞]V: no debe haber coronales aproximantes en posición intervocálica.

c. agree(X): dos segmentos adyacentes deben ser iguales.

ch. agree(estrechamiento): los segmentos adyacentes deben concordar en el grado de estrechamiento.

d. agree(sonoridad): los segmentos adyacentes deben concordar en sonoridad.

e. *onset: no debe haber segmentos en el ataque de la sílaba.

f. *onset [+aproximante]: no debe haber segmentos [+aproximante] en el ataque de la sílaba.

g. *onset [–aproximante]: no debe haber segmentos [–aproximante] en el ataque de la sílaba.

h. *onset [+continuo]: no debe haber segmentos [+continuo] en el ataque de la sílaba.

i. *onset [–continuo]: no debe haber segmentos [–continuo] en el ataque de la sílaba.

j. *complex onset: no debe haber ataques silábicos complejos.

k. *coda: no debe haber segmentos en la coda de la sílaba.

l. *complex coda: no debe haber más de un segmento en la coda silábica.

ll. *coda/obstruyente: no debe haber segmentos obstruyentes en coda silábica.

m. *coda/oclusiva: no debe haber segmentos oclusivos en coda silábica.

n. *coda/fricativa: no debe haber segmentos fricativos en coda silábica.

ñ. *coda/nasal: no debe haber segmentos nasales en coda silábica.

o. *coda/ldr en sonoridadde estrechamientosilsonoros en coda.oda.íquida: no debe haber segmentos líquidos en coda silábica.

p. *coda/semivocal: no debe haber segmentos semivocálicos en coda silábica.

q. *coda [+sonoro]: no debe haber segmentos [+sonoros] en coda silábica.

r. *coda [+obstruyente]/[+sonoro]: no debe haber segmentos [+obstruyentes] y [+sonoros] en coda.

s. *coda [–continuo]: no debe haber codas que sean [–continuo].

t. *coda [+continuo]: no debe haber codas que sean [+continuo].

u. *coda [s]: no debe haber [s] en coda silábica.

v. hnuc (nuclear harmony constraint): un núcleo de mayor sonoridad es más armónico que uno de menor sonoridad.

w. *gem: se prohíben las soluciones geminadas.

 

Por otra parte, entre las restricciones de buena formación intrínseca (o ajena al contexto, o naturalidad) empleadas cabe señalar las mencionadas en (4), que de alguna manera se pueden reducir a dos ideas generales: que todo proceso tiene que respetar la naturalidad fonética y la naturalidad tipológica.

 

(4)

a. *labial: es preferible que un segmento no sea labial.

b. *coronal: es preferible que un segmento no sea coronal.

c. *dorsal: es preferible que un segmento no sea dorsal.

ch. *faríngeo: es preferible que un segmento no sea faríngeo.

d. *[+estridente]: es preferible que un segmento no sea [+estridente].

e. *[–estridente]: es preferible que un segmento no sea [–estridente].

f. *[–anterior]: es preferible que un segmento no sea [–anterior].

g. *[+anterior]: es preferible que un segmento no sea [+anterior].

h. *[–distribuido]: es preferible que un segmento no sea [–distribuido].

i. *[+distribuido]: es preferible que un segmento no sea [+distribuido].

j. *[–glotal]: es preferible que un segmento no sea [–glotal].

k. *[+glotal]: es preferible que un segmento no sea [+glotal].

l. have place: un segmento debe tener lugar de articulación.

ll. *resonante [–sonoro]: los segmentos resonantes no son sordos.

m. *[alv]/[+distr]: es preferible que un sonido alveolar no sea [+distribuido].

n. *[dent]/[–distr]: es preferible que un sonido dental no sea [–distribuido].

ñ. *[alv]/[–distr]: es preferible que un sonido alveolar no sea [–distribuido].

o. *[dent]/[+distr]: es preferible que un sonido dental no sea [+distribuido].

p. *[coronal]/[–anterior]: es preferible que un segmento [coronal] no sea [–anterior].

q. *[coronal]/[+anterior]: es preferible que un segmento [coronal] no sea [+anterior].

 

            Como señala Colina (2009, pp. 5-8), varios problemas son particularmente interesantes dentro de la investigación actual dentro de la fonología optimal: a) la teoría de la correspondencia y las restricciones output-output. Si la teoría de la correspondencia, en relación con la fidelidad, relaciona el input con el output de los candidatos, dando lugar a las restricciones io, es posible establecer también relaciones entre dos outputs (oo), como una base y un reduplicante (br), una base y una forma trunca (bt), una base y una forma relacionada morfológicamente, formas relacionas morfológicamente que no son derivadas, y ouputs relacionados léxicamente, entre otros. La condición general es que la base tiene que ser una forma que aparezca de modo independiente, y contener un subconjunto de los rasgos gramaticales de la forma derivada. Las restricciones oo se jerarquizan aparte de las io. En español, las relaciones oo han servido para trabajar problemas como los hipocorísticos, los vocoides, los plurales, los diminutivos, la aspiración de /s/ y los prefijos. La fidelidad al input puede producir infracciones a la buena formación, pero al no considerar al input pueden emerger estructuras no marcadas, lo que da pie a que las restricciones oo de buena formación queden por arriba de las restricciones oo de fidelidad: este fenómeno es conocido como "la emergencia de lo no marcado" (McCarthy y Prince 1994); b) la optimización del lexicón y la riqueza de la base. No existen restricciones que afecten al input, de modo que la teoría de la optimidad se basa por entero en el output, explicado por las restricciones y su jerarquización. Sí se postulan representaciones subyacentes, pero el punto es que la fonología tiene que poder tratar con cualquier input potencial y seleccionar sólo el output óptimo. Dada la riqueza de la base, se supone que el aprendiz selecciona el input más parecido al output, estrategia conocida como optimización del lexicón; c) el residuo derivativo y la posibilidad de postular estratos. La opacidad es problemática para la fonología optimal: tradicionalmente, se trata de situaciones en que aparece el contexto apropiado, pero el proceso no tiene lugar, así como de casos en que el proceso tiene lugar aun cuando el input no encuentre ya la descripción estructural apropiada. En opinión de Colina (p. 7), este problema puede tratarse por medio de restricciones oo de identidad o por medio de restricciones de alineamiento. Una solución alternativa propuesta por algunos autores[3] sugiere la necesidad de un número restringido de estratos, de modo que los ámbitos fonológicos de raíz, palabra y frase piden diferentes jerarquías de restricciones. Así, el output de la raíz es el input del ámbito palabra, y el ouptut de este nivel es el input del nivel frástico; d) la variación y la jerarquía de restricciones. Los datos dialectales, en opinión de Colina, pueden explicarse por medio de variaciones en la jerarquía de restricciones. Más problemática es la variación no dialectal o intra-dialectal, aunque se hayan empleado reordenamientos de restricciones. Otras opciones son el ordenamiento parcial de las restricciones o la optimidad estocástica, que para Colina tendría potencial para explicar incluso la variación compleja no categórica propia de los datos sociolingüísticos (estas y otras posibilidades se discuten infra).

            Se han propuesto, entonces, diferentes maneras de incorporar los hechos variables a las representaciones optimales; el punto común es, desde luego, proporcionar recursos formales que permitan autorizar varios candidatos válidos, de modo que quede expresada la riqueza del output. No faltan, desde luego, las voces que, desde la optimidad, siguen proponiendo lo mismo que Halle  en 1962, es decir, que el cambio se produce por saltos generacionales más o menos abruptos, lo que se representa por medio de reanálisis en las gramáticas de los nuevos hablantes. Piénsese que si el mecanismo dispuesto en la visión optimal para dar cuenta de la variación y el cambio es la mudanza en el orden jerárquico de las restricciones, no es particularmente espectacular descubrir que ése es precisamente el mecanismo del cambio. Con una visión más empírica, en cualquier caso, parece necesario buscar soluciones más detalladas (suponiendo, claro, una actitud diferente a los que piensan que los hechos de variación son libres y residuales). Guy (1997) formulaba críticas severas a las posibilidades brindadas por la optimidad para dar cuenta del cambio y la variación: aunque la optimidad original no es categórica, sí es determinista, pues prevé un único output. Ha sido necesario, de hecho, acudir a diferentes subterfugios para dar cuenta de la variación individual y comunitaria. Si las restricciones son universales e incluso innatas, todas deberían ser accesibles para cualquier hablante; la suposición de que las restricciones inobservables están de todos modos presentes, pero muy por debajo en la jerarquía, es incomprobable. Dado que la forma de modelar diferencias entre lectos son los diversos órdenes jerárquicos entre restricciones, esto supondría que las diferencias entre hablantes dentro de una comunidad serían del mismo tipo teórico que las que se presentan entre comunidades. La cuantificación tiende a ser bastante imprecisa. El peso de una restricción superior no puede compensarse por medio de una evaluación global, y el efecto de una restricción queda en suspenso ante otra restricción superior. Además, la fonología optimal es irrestricta, pues “a set of just 20 constraints, far fewer than are necessary to account for all phenomena in all languages, would have about 2.35 × 1018 possible orderings” (ibid., p. 341). En un sentido parecido se pronunciaba McMahon (2000), al considerar la dificultad de aceptar la universalidad de muchas de las restricciones, y no simplemente que son específicas de una lengua determinada. Más grave es quizá el hecho de que no se explique por qué se produce el reordenamiento de las restricciones, y debería delimitarse cuáles de ellos son posibles. La comparación entre órdenes anteriores y posteriores a un cambio ofrece una visión estática, sin decir gran cosa del proceso de transición, lo que sugiere que los modelos formales son meramente descriptivos con respecto al cambio lingüístico, no explicativos. Las explicaciones funcionales (como la de Haspelmath) tienen que reducir el papel del innatismo y aceptar que las selecciones de variantes depende muchas veces de factores contingentes y externos. Desde la optimidad, parecería tratarse de la misma manera los cambios regulares y frecuentes que los esporádicos, de modo que “it would seem that reranking is descriptive at best, fortuitous at worst, and post hoc either way, so long as the constraint set is in principle unrestricted, and the reranking itself depends on external factors, whether phonetic, functional or sociolinguistic” (McMahon 2000, p. 239).

Quizá los dos problemas que se han explorado en más detalle, en el sentido variable, sea la cuestión de las modificaciones estilísticas en un mismo hablante y la representación de los cambios diacrónicos. Ambos problemas se han abordado por medio de alteraciones en el orden entre las restricciones de fidelidad y de buena formación. Así, en los estilos de habla más formales, las restricciones de fidelidad tienden a ocupar un lugar más elevado en la escala jerárquica, mientras que las de buena formación se vuelven particularmente relevantes en los estilos de habla informales. De la misma manera, al estudiar el cambio lingüístico, un ascenso de las restricciones de fidelidad suele implicar un proceso de retracción (cf. Martín Butragueño 2008), tipo de movimiento muy común, cuando menos en las circunstancias desdialectalizadoras de las sociedades occidentales; por el contrario, una superior posición jerárquica de las restricciones de buena formación puede estar asociada a la difusión de una innovación lingüística.

            Una clara diferencia entre ambos tipos de procesos —los estilísticos y los vinculados al cambio— tiene que ver con el carácter individual o colectivo en que hay que buscar su dominio de aplicación. Si los procesos estilísticos son un problema para la representación de la competencia fonológica, los vinculados al cambio sólo pueden verse desde una fonología trazada desde y sobre la comunidad de habla. La dimensión individual del estilo ha hecho que se trate como un fenómeno de gramáticas coexistences o de gramáticas en competencia (véase por ejemplo Guitart 1997 para el español o Van Oostendorp 1997 para el holandés). La idea de gramáticas coexistentes, en cualquier caso, ha sido duramente criticada en diferentes ocasiones:

 

This approach is mainly theorical. Two varieties which have been separately described in their entirety have never compared. There are not explicit criteria for a systematic comparison. The reference to the need for social categories is mere lip service. This position, then, belongs to traditional “autonomous” linguistics and is, with regard to variation, no more than formal extension (Dittmar 1996, p. 128).

 

            El problema de fondo con la idea de gramáticas coexistentes aplicada a la variación estilística es que resulta extraño o al menos poco intuitivo suponer que cualquier cambio de estilo llevado a cabo por un hablante, así sea en una misma intervención, es en realidad un cambio de gramática. Existen, por otra parte, algunas otras propuestas más flexibles, de modo que se ha hablado de restricciones no jerarquizadas (ya en Antilla 1997) y de restricciones flotantes (Nagy y Reynolds 1997; cf. Morris 1998 para la variación estilística del español). Bajo la idea de restricciones flotantes se parte también de la jerarquización variable de restricciones. Sin embargo, se defiende que existe una sola jerarquía en que algunas restricciones, las que tienen que ver con la variación, están jerarquizadas con respecto a ciertas restricciones, pero no con respecto a otras, quedando así sólo parcialmente ordenadas. Frente a los sistemas de gramáticas coexistentes en que se diseñan varias jerarquías paralelas pero categóricas, la perspectiva de restricciones flotantes requiere que los hablantes únicamente conozcan una jerarquía, con un subconjunto de restricciones jerarquizado de manera incompleta (Morris 1998, p. 33).

            Una de las propuestas más citadas para dar cuenta del cambio fónico es la de Anttila y Cho de 1998, presentada por sus autores como una teoría débil del cambio (p. 54), en el sentido de Weinreich, Labov y Herzog (1968, pp. 99-100), pues se trataría de una teoría que formula restricciones sobre la transición de un estado de lengua a otro. Es, en cualquier caso, un intento muy interesante de combinar las regularidades invariantes, las regularidades variables y las preferencias estadísticas. Al estudiar la alternancia entre la presencia de rótica y la elisión a final de palabra en inglés, proponen la existencia de cinco dialectos, tres de ellos invariantes (tipos A, B y C) y dos variables (A+B y B+C). En los dialectos A, no hay ni elisión ni inserción de rótica no etimológica, de modo que el aspecto que adoptan las jerarquías correspondientes a las restricciones faith, *coda y onset es faith » onset, faith » *coda y *coda » onset. En los dialectos del tipo B, aparece elisión ante una consonante presente en la palabra siguiente, pero no ante vocal; los órdenes jerárquicos son entonces faith » onset, *coda » faith y *coda » onset. Por fin, en las variedades del tipo C, la rótica desaparece ante consonantes, pero llega a aparecer una rótica no etimológica ante vocal, de modo que onset » faith, *coda » faith y *coda » onset. Las variedades A+B y B+C se presentan como combinaciones de los tipos anteriores (lo cual puede ser en sí bastante discutible, por cierto), y en ellos hay elisión e inserción variables. Para caracterizar A+B basta tomar lo que A y B tienen en común, es decir, faith » onset y *coda » onset; el tipo B+C, a su vez, surge de las jerarquías compartidas por B y C: *coda » faith y *coda » onset. La única jerarquía que tienen todas las variedades en común, y que de alguna manera las vincula, es *coda » onset. Se supone, además, que existiría una estela propia del trayecto recorrido por el cambio lingüístico, de modo que A A+B B B+C C[4].

            Una solución más radical fue la propuesta por Haspelmath en 1999, a partir de la idea de adaptación diacrónica. Además de la optimidad gramatical, existiría una utilidad del usuario. De este modo, si se establece, por ejemplo, max lex como restricción de optimidad, de modo tal que pida que cada segmento del input de una palabra léxica o de un morfema tenga que tener un segmento correspondiente en el output, existiría también una max lex entendida como restricción de utilidad, la cual señalaría que la preservación del material fonológico de los elementos con mayor contenido semántico ayudaría al oyente a identificar las partes más importantes de un discurso. Lo que vincularía a ambos tipos de enunciados es precisamente la idea de adaptación, entendida como la matriz del cambio lingüístico. Tal perspectiva presupone tres hipótesis, que a su vez constituyen los pasos por los que transitaría el cambio: a) las lenguas presentan variación en todas las áreas de la gramática; b) la frecuencia de uso de una forma se determina primariamente por su utilidad; c) las estructuras de alta frecuencia terminan por hacerse obligatorias, mientras que las poco frecuentes se pierden. Esta tercera hipótesis, no exenta de problemas, apela a la idea de atrincheramiento (Langacker 1987, p. 59), proceso por el que se asientan patrones en las gramáticas mentales de los hablantes[5]. Dado que la evolución lingüística partiría de fuentes con frecuencia no aleatorias, el cambio lingüístico sería más lamarckiano que darwiniano (recuérdese lo natural y lo artificial en Keller 1994). Resulta así la paradoja de que las gramáticas se adaptan a las necesidades de los hablantes, aunque éstos no puedan conformar la lengua activa y voluntariamente. Aunque no cabe sino concordar en la necesidad de desarrollar una optimidad del uso, la tesis tiene varios problemas, siendo el más notorio el elevado grado de idealización, pues el individuo parece concebirse simplemente como un hablante oyente-ideal, fuera de la comunidad y de los intercambios lingüísticos específicos. La variación, a su vez, se concibe de forma muy difusa, sólo como proceso pasivo y no como actividad, envuelta en una visión del cambio que sigue siendo autónoma, pues los procesos parecen surgir sólo de la dinámica interna del lenguaje, de la cual los hablantes serían únicamente espectadores no muy interesados.

            Una de las propuestas más influyentes en la última década para incorporar la variación es la llamada optimidad estocástica, que parte del algoritmo de aprendizaje gradual (Boersma 1998, Boersma y Hayes 2001). El aag es un algoritmo que pretende servir para jerarquizar las restricciones durante el proceso de aprendizaje de una gramática optimal. Según Boersma y Hayes (1991) sirve para aprender la variación "libre", puede tratar de modo efectivo los datos de aprendizaje "ruidosos" y "explicar" los juicios de buena formación graduados. Antes de seguir adelante con la exposición de los planteamientos relativos al aag, es necesario hacer notar que a los efectos útiles aquí interesa más en su dimensión técnica que conceptual, debido a que a) está concebido en principio para abordar problemas de aprendizaje; en el mejor de los casos, puede sugerir cómo se transmite la variación, no como se difunde, en el sentido de Labov (2010); b) parte del supuesto de la existencia de variación libre, común a la tradición generativista, pero no pertinente desde el punto de vista de la variación y el cambio; c) en la medida en que se como explicativo de juicios de gramaticalidad relativos, lleva la discusión al terreno de la competencia individual; como se expuso desde las primeras líneas de este capítulo, una fonología variable es realista y social. Hechas estas consideraciones, el aag tiene como rasgos interesantes asumir una escala continua de severidad de las restricciones y considerar a la gramática como estocástica, pues en cada evaluación del conjunto de candidatos se añade de modo temporal un pequeño componente distorsionador al valor jerárquico de cada restricción, de modo que la gramática puede producir outputs variables si algunas jerarquías de restricciones se encuentran cercanos (ibid., pp. 45-46).

            Dos conceptos fundamentales para entender el funcionamiento del aag son la escala jerárquica continua y la evaluación estocástica de candidatos. El algoritmo supone una escala lineal de severidad en las restricciones, de modo que los valores más elevados corresponden a las restricciones más altas; la escala se divide en unidades arbitrarias, sin haber, en principio, límite inferior o superior (otros, como Zubritskaya 1997, también proponen hablar de una escala). La figura 1.2 muestra algunas situaciones posibles.

 

            a. Jerarquía categórica

                                      C1                                  C2        C3

 

 

                       severo                                                                       laxo

            b. Jerarquía categórica con rangos

                                      C1                                  C2

 

 

 
   

 

                       severo                                                                       laxo

 

            c. Jerarquía libre

                                                          C2              C3

 

       
     
   
 

 

                       severo                                                                       laxo

 

            d. Resultado común: C2 » C3

 

                                                      .2  C2              C3     .3

 

               
     
             
 
 

 

severo                                                                       laxo

 

            e. Resultado no común: C3 » C2

 

                                                          C2    .3   .2  C3

 

           
     
       
 
 

 

severo                                                                       laxo

 

Figura 1.2. Distintas jerarquías en una escala continua.

Fuente: Boersma y Hayes (2001, pp. 47-48)

 

            Así, (a) presenta la escala continua, pero vinculada a un orden estricto y no variable de las restricciones, lo que sería un caso especial dentro del panorama general, de modo que C1 » C2 » C3. Por otra parte, la distancia entre C1 y C2 es mayor que entre C2 y C3. En el momento de hablar, o de evaluar los candidatos, la posición de las restricciones puede verse perturbada por un valor aleatorio positivo o negativo, de modo que puede hablarse más bien de un rango de valores al aplicar la restricción. Si los rangos de cada restricción no se traslapan (caso b), entonces el efecto final es semejante a la jerarquización categórica, pero si se traslapan (situación c), la jerarquización es variable. Dado que el punto de selección preciso puede recaer en cualquier parte del rango, puede que el orden de las restricciones no se altere (como en d) o que sí se altere (como en e). Y los órdenes C2 » C3 y C3 » C2 producen diferentes outputs válidos. Las restricciones jerárquicas se interpretan entonces como distribuciones probabilísticas:

 

For each constraint, we assume a function that specifies the probability that the selection point will occur at any given distance above or below the constraint's ranking value at evaluation time. By using probability distributions, one can not only enumerate the set of outputs generated by a grammar, but also make predictions about their relative frequencies (Boersma y Hayes 2001, p. 48).

 

            El aag supone que los puntos de selección para las restricciones lingüísticas se distribuyen normalmente, en el sentido estadístico, con la media de la distribución en el valor jerárquico; la desviación estándar de la distribución surge del proceso de evaluación, no de las restricciones. Las curvas normales asociadas a un par de restricciones pueden quedar traslapadas, y producirse la situación ya descrita en la figura 1.2 (casos d y e). La idea general es que el aag permite ir llevando a cabo ajustes moderados de los valores jerárquicos, que en última instancia conducirán a adquirir la gramática correcta. El modelo implica que el aprendiz parte del dato de aprendizaje (una forma adulta de superficie), que se toma como base para continuar construyendo la gramática (o la fonología) en proceso; cuando la gramática en construcción genera errores, es necesario ir reajustándola, mediante la comparación entre las infracciones a las restricciones propias del dato original y las del dato producido por el aprendiz. La plasticidad es la cantidad numérica con que el aag ajusta los valores jerárquicos de las restricciones en un momento dado. En los casos de variación "libre", el algoritmo producirá una gramática que imita las frecuencias relativas de las variantes "libres". Una vez que el aag ha aprendido una gramática, su validez puede atestiguarse simplemente repitiendo muchas veces el proceso de evaluación estocástica, obteniendo estimaciones precisas acerca tanto de qué formas genera la gramática como de las frecuencias con que se generan las formas (ibid., p. 54).

            El aag, en suma, puede ser un recurso técnico interesante para incorporar algunos aspectos de la variación a la fonología optimal, dado que intenta asignar de modo empírico un valor jerárquico apropiado para cada restricción (ibid., p. 51; para el estilo, véanse las pp. 82-83; véase sin embargo Kiparsky 2005 para una perspectiva contraria). Debe observarse, por otra parte, que como perspectiva basada en un modelo de prueba, error y ajuste, no es en sí una aportación sustantiva (explicativa) al problema de la variación y el cambio (ciertamente, la propuesta tampoco parece pretender eso); de hecho, como modelo sustantivo de cambio lingüístico no sería diferente a visiones como las expresadas en Hockett (1958) y en muchos otros autores. Para que fuera un modelo de transmisión o en especial de difusión lingüística necesitaría una prueba empírica que diera contenido al proceso de ajustes (por ejemplo, la hipótesis etológica o del reparto de variantes según la oferta y la demanda expuesto en Labov 1994).

            También Díaz-Campos y Colina (2006) defienden que la variación puede ser incorporada dentro de la fonología optimal. Al repasar los diferentes enfoques propuestos para tratar el problema, consideran que su propio enfoque, consistente en una combinación de las perspectivas de restricciones no jerarquizadas y la consideración de pesos probabilísticos es compatible con el algoritmo de aprendizaje gradual de la optimidad estocástica. Así, los pesos probabilísticos inferiores a 1 corresponderían a los rangos superpuestos del algoritmo. Cuanto mayor sea la probabilidad, menor es el rango de superposición, es decir, la verosimilitud de aplicar la jerarquía inversa. En cambio, los pesos probabilísticos inferiores a 0.5 indicarían que la jerarquía opuesta es más frecuente (pp. 436-437). Más allá de una confrontación entre la optimidad estocástica y la optimidad probabilística (id., n. 10; Guy 2007, p. 22), quizá no demasiado diferentes en los aspectos más técnicos de las propuestas, aunque seguramente sí en su trasfondo, el volumen I de la FVEM adopta un punto de vista muy semejante al de Díaz-Campos y Colina.

            La optimidad estocástica (así como el conjunto de sus derivados y sus críticas) no es, en todo caso, el único enfoque optimal que asigna valores numéricos a las restricciones. Existen otros candidatos a dar cuenta de la variación de manera más plausible. Una de esas perspectivas es la llamada gramática armónica distorsionable (noisy harmonic grammar), esbozada desde Boersma y Weenink (2007) y Goldrick y Daland (2009), en la que el candidato óptimo es aquel con la armonía numérica más alta. Esta armonía es la suma de las puntuaciones de las restricciones ponderadas, de modo que para cada restricción k en un conjunto de restricciones K, la puntuación infractiva del candidato (sk) se multiplica por el peso de esa restricción (wk) (cf. Pater 2009, Coetzee 2009c, Coetzee y Kawahara 2011). Por su parte, la gramática de máxima entropía (maximum entropy grammar) surge a partir de la demostración de Johnson (2002) acerca de cómo una gramática optimal puede transformarse en un modelo de probabilidad logística, idea luego aplicada a diferentes estudios sobre variación fonológica, como Jäger (2007). Como señalan Coetzee y Pater (2011), donde puede encontrarse una reseña sobre ésta y otras cuestiones relativas a la variación fonológica, los fonólogos ajenos a la tradición sociolingüística se han mostrado reticentes a considerar las reglas variables, en parte porque los pesos relativos concedidos a las variables son extraños a los formalismos típicos de la fonología estándar basada en reglas; las cosas, sin embargo, son diferentes para las fonologías restrictivas, pues el mecanismo nuclear para la priorización de restricciones, sea ésta por medio de jerarquías o de ponderaciones, determina las diferencias en la probabilidad de aplicación de los procesos.

            Si la incorporación de los datos probabilísticos es uno de los grandes problemas para que la fonología pueda dar cuenta de la variación, otro no menor es el tratamiento de los hechos sociolingüísticos. No faltan tampoco las propuestas que sugieren cómo se podría establecer un vínculo explícito con el mundo exterior. Kostakis (2010) esboza una teoría del vestigio que pretende generar ese vínculo. La idea general es que el cambio lingüístico consistiría siempre en la reducción del estatus de ciertas restricciones, sean de fidelidad o de buena formación; pero durante esa reducción quedaría un residuo, una restricción vestigial de carácter output-output (frente a la naturaleza input-output de la restricción original), que sería precisamente el vínculo con los factores externos. La restricción vestige, por ejemplo vestige(*coda), estaría regida por normas sociales, de modo que los grupos demográficos con mayor apelación a vestige usarán más formas anticuadas que los grupos de baja demanda. Tal visión anti-modular de los factores externos permitiría predecir la existencia de variación en una fonología optimal, aunque sin formalizar la naturaleza precisa de esa variación, dadas las diferencias entre cultura y cultura, de modo que la sociolingüística tendría que describir los factores sociales que influyen sobre vestige en cada caso.

Existen en suma diferentes posibilidades para proyectar la generalización estocástica. Se recordaba supra la afirmación que establece que los datos variables son compatibles con cualquier fonología que por lo pronto no prohíba la variabilidad. Esto es cierto en líneas generales, pero hay que conceder que el enfoque adoptado sí tiene ciertas consecuencias sobre las predicciones que pueden llevarse a cabo desde los modelos formales. La perspectiva de la FVEM, por otra parte, fuertemente empírica, sugiere a) trabar los datos por medio de modelos no excesivamente abstractos, que permitan reproducir el camino inductivo que condujo a ellos; b) poder acceder en cualquier momento a los soportes probabilísticos que sustentan los pasos analíticos; c) emplear una forma de trabajo compatible con la lectura sociolingüística clásica —esto es, el tipo de material inserto en las reglas variables— y al tiempo dialogante con las posturas de tradición más fonológica. En ese sentido, se adopta un acercamiento optimal probabilístico, pero abierto no sólo a la asignación de probabilidades a las jerarquías de restricciones, sino también y cuando convenga, al examen probabilístico del respeto concedido a cada restricción. Esto último es provechoso para poder exponer en mayor detalle los matices de aplicación de cada jerarquía. Sin embargo, no se incorporan mecanismos generadores de vínculos sociales de forma explícita en las formalizaciones fonológicas (entre otras cosas, porque como se expone infra, se considera que el papel de los factores sociales es en general superior al de los factores lingüísticos, afirmación metarregular, o metarrestrictiva, lo que sugiere una lectura de los hechos antes modular que anti-modular).

De esta forma, siempre que ha sido posible se han establecido las generalizaciones fonológicas a partir del examen de datos cuantitativos, proyectados por medio de probabilidades logísticas o de frecuencias. En otras ocasiones, los datos de partida provienen de exámenes de mapas lingüísticos aislados y la fundamentación es en ese caso cualitativa. Los datos cuantitativos, cuando existen, no se incorporan a las jerarquías de restricciones, sino que son la base argumentativa para organizarlas. Se ofrecen también diferentes cuadros comparativos en los que se confronta el aspecto de las jerarquías de diferentes variedades de habla. Debe considerarse que en ambos casos, tanto en las fonologías variables de una variedad como en la comparación diafonológica entre variedades, que existen diferentes candidatos válidos (supra), en la medida en que se documentan en la realidad, lo que genera, en última instancia, la diferencia fundamental entre las representaciones variables y las representaciones categóricas.


PMB



[1] Además de las relaciones de fidelidad entre el input y el output (i-o), se han considerado las relaciones entre bases y reduplicantes (b-r), ya dentro del ouput (cf. Raimy 2000). Otro aspecto interesante es la localidad de la interacción de las restricciones, pues una regla o una constricción pueden ser globales (es decir, aplicarse en diferentes lugares) u opacas (aplicarse sólo una vez). La fonología optimal maneja con gran facilidad el primer tipo de localidad, precisamente por ser no derivativa, pero tiene mayores problemas para lidiar con la opacidad (cf. McCarthy 2007, pp. 107-114).

[2] No siempre se hace o es necesario hacer esta distinción entre dos tipos de restricciones de buena formación, sino que simplemente se habla de marcación en términos generales para hacer referencia a toda esta familia de restricciones, en el sentido más amplio posible. Aquí sí se trata de una distinción importante, puesto que se va a aprovechar infra en el esbozo de modelo de cambio multidimensional.

[3] Véanse al respecto las propuestas de Bermúdez-Otero, en http://www.bermudez-otero.com/Stratal_Optimality_Theory.htm, así como en Bermúdez-Otero (2012). Otra sugerencia consiste en postular una fonología optimal con cadenas de candidatos, de modo que la opacidad se explique por medio de una síntesis de optimidad y de derivaciones, de modo que un candidato conste de una forma de superficie y de una serie de formas intermedias (cf. McCarhy 2007b). En opinión de Colina (id.), tal combinación no es necesaria para explicar los datos del español. Sobre opacidad y variación, véase también Anttila, Fong, Benus y Nycz (2008) y Ettlinger (2009).

[4] Cabe albergar ciertas dudas sobre la posibilidad de extender o generalizar este tipo de análisis. Seguramente no se representaría de la misma manera un cambio que se manifestara de manera diversa independiente en dos dialectos diferentes.

[5] El asentamiento de patrones mentales trae a colación, por otro lado, algunas de las aproximaciones de corte cognoscitivo que se han propuesto a propósito de la variación. Ya Hudson, en 1997, tomaba los datos fónicos variables como prueba de la existencia de redes de prototipos. Puede verse ahora al respecto la parte tercera del volumen editado por Geeraerts, Kristiansen y Peirsman (2010), y el capítulo 7 de Moreno Fernández (2011), dedicado a la sociofonología y la cognición.