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            No bastará, sin embargo, con recoger más o mejores datos. La proyección geolingüística de los materiales necesita de análisis lingüísticos detallados y muy conscientes del trasfondo de variación y cambio que los respalda. La perspectiva es muy diferente según el enfoque que se adopte y según el peso que se conceda a los diversos tipos de hechos. Aunque se han hecho propuestas zonificadoras enormemente sugerentes apoyadas en materiales léxicos, el peso de la divisa que sostiene que cada palabra tiene su propia historia gravita sobre las conclusiones extraíbles. La variación sintáctica y morfológica puede ofrecer una escala demasiado amplia, de forma tal que los datos mexicanos sólo adquieren pleno sentido cuando se ven a través de un marco hispánico más amplio o mucho más amplio. El núcleo argumentativo parece residir, entonces, en los datos de naturaleza fónica. Sin desdecirlos de los demás, son los materiales fónicos los que pueden permitir alumbrar un modelo geolectal dinámico, que incluya hechos matizados y complejos a través de idealizaciones lingüísticas relativamente simples. Hacia el final de este capítulo se esbozará un modelo dialectológico básico pero explícito de las zonas dialectales de México, a partir de la consideración de cierto número de variables fónicas[1].

            El capítulo no pretende realizar una síntesis exhaustiva de lo que se sabe acerca de la variación espacial del español mexicano, sino llevar a cabo un recorrido específicamente por el problema mismo de la división dialectal[2]. El núcleo de la exposición se ordena a través de cuatro apartados centrales y de unas conclusiones generales. Los apartados corresponden a dos perspectivas complementarias, términos diferentes y necesarios de un mismo trayecto: la perspectiva dialectológica y la perspectiva histórica. A la luz de ellas, o como complemento de ellas, se analizan dos hipótesis adicionales acerca de la constitución areal del español que se habla en México: la hipótesis perceptual y la hipótesis modelizadora.

PMB


[1] Desde luego, buena parte del problema zonificador contemporáneo tiene que ver con el papel nivelador de las ciudades y el efecto que los subsistemas urbanos ejercen sobre la variación lingüística. Aunque se trata de una investigación en buena medida por llevarse a cabo, pueden encontrarse algunas ideas al respecto en el cap. 18 de esta Historia, en particular en las pp. 1005-1014.

[2] Por otra parte, no se consideran ahora tampoco muchas otras cuestiones pertinentes, en especial las que tocan a los procesos de tansmisión y difusión, en el sentido de Labov (2007), ni las que afectan a variedades regionales más o menos estandarizadas.

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